Poemas para Jubilados
En este texto se presenta una estampa de la vejez: Este es
el poema de una persona jubilada, la misma que a través
de la voz del escritor nos va demostrando poco a poco que pese
a esas ocaciones oscuras y deprimentes en las cuales se siente
cansado de vivir, pues aún encuentra muchas razones y
formas para continuar amando la creación, la rutina diaria,
la naturaleza y en general el gran oficio de existir.
EL JUBILADO
Esa mañana
cuando la luz se metía
entre las bancas
a través de los álamos
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
el jubilado me dijo
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.
Cuando el esqueleto se despierta sin quejas
y en la terraza el sol entiende la piel de la vejez.
Cuando el menú del día está sabroso,
la pensión llega a tiempo, completa,
y la casa no insiste en caerse a pedazos.
Cuando la memoria recuerda solamente lo bueno, lo bueno;
los hijos vienen de visita,
los nietos cuelgan de la alegría, abren la nevera
y se comen hasta la soledad.
Cuando uno reposa contento, encantado
en las tintas de un buen libro,
o en los andamios de una gran película,
y entonces no hay apuro para encontrarse con Dios.
Cuando el día está bonito, sí, bonito
y no importa si el gobierno entero se va al carajo.
Eso, me dijo el jubilado,
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.
(Por: Ana Cecilia Blum - Poeta ecuatoriana)
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