Poesía de Protesta
Esta poesía de protesta quiere representar una escena
tomada de las tantas que se presentan en nuestras sociedades,
y donde se manifiesta el abuso diario por aquellos que desde
una situación de poder, y carentes de empatía y
compasión, subyugan y manipulan a su antojo al más
necesitado,en este caso seres que conviven con nosotros y que
deben ser tratados con respeto a sus derechos civiles y a sus
sentimientos particulares; seres que deberían ser parte
del amor familiar y no de los antojos personales.
Y LA HISTORIA SE REPITE
Nievita, tan joven y tan chiquita
te trajeron de la finca
te sacaron de la escuela
nunca te afiliaron al seguro
jamás te sentaron a la mesa.
Nievita, tan joven y tan chiquita
te arrancaron del campo, de los padres,
de los hermanos,
del plátano verde, del río tibio,
de los cielos largos.
Fuiste la cocinera, la nana, la enfermera,
el paño de lágrimas de la señora,
la única madre que los niños de la casa conocieron.
Ya vieja, sin aliento, sin agilidad, sin fuerzas,
te mandaron a la finca de regreso;
ahora que tú y la finca son otras,
ahora que la ciudad tira de tus venas,
ahora que ya no eres más de monte sino de asfalto.
A ellos no les importa,
hoy solo quieren una Nievita nueva,
una Nievita joven, una Nievita ágil,
una Nievita que les cuide a los nietos,
que no se queje de la artritis y el glaucoma,
que les sirva bien en la vejez.
Y la historia se repite,
siempre se repite ...
La nueva Nievita ríe porque se va pa' la ciudad,
la vieja Nievita llora,
llora, porque extraña esa casa
donde dejó su vida
y pensó, que también era su casa,
llora, por los hijos que crió
y se había olvidado
que no eran suyos,
llora, porque la choza de caña,
el plátano, el río, la loma
son una extrañeza, un recuerdo impreciso,
casi un sueño, una pesadilla,
llora la Nievita vieja, llora
en una esquina de la finca,
arrimada a un arbolito de ciruelo,
llora de espanto, llora de injusticia
mientras aprieta en la mano
200 dólares que los viejos patrones le obsequiaron,
el digno reconocimiento por 40 años de trabajo...
(Por Ana Cecilia Blum - Poeta ecuatoriana)
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